Y así fue que, finalmente llegó ese día en
que todos nos levantamos -amarillos-. El color de nuestra piel y
nuestros labios es amarillo, cuándo no el de nuestros oídos, pupilas y variadas
lenguas, nuestros lunares, uñas, senos y barbas. El pelaje de nuestras mascotas
es amarillo, como nuestra comida, como el agua que brota de la canilla, como el
tinte de nuestros sueños. Observamos nuestros televisores, vemos nuestros
programas y nuestros periodistas, amarillos. La mesita ratona, el sillón, los
cuadros, las fotos, la alfombra. Las servilletas, los cubiertos, el café y los
stickers de la heladera. Los automóviles, el pavimento, los árboles, las
escuelas. Los bancos, las paradas de colectivo. Los zapatos de los hombres y
los tacos de las mujeres. Los carteles de publicidad, los postes de luz, los
guardapolvos de los niños, los tachos de basura. Ninguna percepción visual (la
denominación “percepción”, comúnmente utilizada en la teoría del color ya
podría ser puesta en cuestión dado los acontecimientos descritos) escapa a la
radiante homogeneidad y simetría del virulento rubio.
Aquellos medios de comunicación manifestaron
en un comunicado abierto: -“Ante la envergadura de los hechos sucedidos
recientemente en la ciudad y, ante cualquier tipo de posible acusación hacia
nuestra parte, manifestamos, sostenemos y denunciamos, con total y sana
convicción, la incredibilidad e inexistencia de cualquier implicancia o
vinculación de nuestro trabajo periodístico con la creciente expansión del
color amarillo; defendiendo así, la libertad, el respeto, y la independencia de color de nuestra labor periodística”-.
No tardó en llegar la ansiada conferencia de
prensa del Gobernador de la Ciudad de Buenos Aires donde, vestido de saco y
corbata cuasi-dorado, sintetizó: -“Bajo mi consideración, y de esto no me cabe
la menor duda, este es un claro reflejo del amor de nuestro pueblo por los
canarios: un animal bello
y noble, pero por sobre todas las cosas, porteño”- Dentro del arco político,
fueron variadas las declaraciones. Patricia Kullrich, líder del Partido
Revolucionario Argentino (PRA) manifestó: “Los Beatles tenían razón y nos lo
advirtieron con Yellow
Submarine, el mundo es un gran submarino amarillo”. Partidos de izquierda,
por su parte, sintetizaron en un comunicado a la sociedad: “El imperialismo
avanza en la ciudad. Tal es la necesidad del capitalismo salvaje por sostener
un sistema de dominación y explotación del hombre con el hombre que ahora,
busca homogenizar nuestra vida bajo un mismo tinte para eliminar
definitivamente nuestra conciencia de clase. ¡No lo logrará frente al
sindicalismo combativo! Y como bien dijo Lenin: “Al neocapitalismo gualdo
mayonesa, le proseguirá históricamente la revolución roja y socialista”.
En el ámbito académico, las explicaciones
fueron disímiles. Cientistas sociales convocados a investigar la causa
concluyeron por su parte: “En base a estudios cuantitativos realizados
recientemente, podríamos confirmar una causal y determinante conexión entre expansión
del fenómeno amarillo y la fuerte llegada de inmigración de
raíz oriental a nuestro país en los últimos 10 o 15 años, población de un
fuerte y posiblemente contagioso color de piel amarillento”. Prestigiosos
economistas y entidades financieras prácticamente coincidieron en su análisis:
“La constante caída mensual del valor precio/unidad de los materiales
escolares, especialmente de los resaltadores de color amarillo fosforescente,
sumado a cierto exponencial crecimiento de la capacidad adquisitiva de la
población urbana constituyen, en combinación, la raíz de lo acontecido. Es un
claro proceso de amarillización
monetaria. No se descarta,
dada la inestabilidad del tipo de cambio argentino, la formación del Yellow Dolar”
Prestigiosos directores del cine nacional, se
sumaron a la iniciativa y anunciaron en conjunto la conformación de un proyecto
cinematográfico. Juan José Nella de la
Campa sintetizó “Hemos congeniado
en este proyecto de film que promete muchísimo. Estamos muy entusiasmados. “Buenos Aires, la yema radiante y
jugosa del huevo frito” definitivamente
será un éxito”
En un acto de honestidad, el embajador de los
Estados unidos en el país declaró: “El amarillo no es de mi mayor agrado, pero
es mejor que el negro. Mucho mejor que el negro. Cualquier cosa es mejor que el
negro, el negro me da náuseas. Si, creo que el negro no debería
existir”.
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